Madrid literario: Arturo Barea (2)

Seguimos en los primeros dias de 2017 con Arturo Barea y sus vivencias madrileñas, como continuación de todo lo que conocimos en el itinerario guiado por La Liminal y que me ha incentivado a realizar una nueva lectura reposada de sus libros para buscar, o ampliar, más referencias sobre Madrid…

Madrid de Arturo Barea

Calle del Mesón de Paredes y Colegio de las Escuelas Pías

Volvemos al primer tomo, al de  “La forja” y en el capítulo VIII, el que dedica al Colegio de las Escuelas Pías, al final de la calle Del Mesón de Paredes, leemos:

El reloj de la torre, tan grande, nos deja ver cual es el último momento en que hay que suspender el juego y entrar.

Madrid de Arturo Barea

En el tercer tomo, “La llama”, cuando ya es un hombre adulto, casado y con hijos, en el capítulo V vuelve a evocar el colegio y este reloj

Había encontrado un piso amplio y barato en la calle del Ave María, una calle que está a medio kilómetro de la Puerta del Sol y que sin embargo pertenece al barrio obrero más viejo de la ciudad. Me gustaba porque estaba cerca del centro y de mi oficina. Pero me atraía además por ser una de las calles que conducen a Lavapiés, el barrio donde había pasado mi niñez. Mi madre había vivido tres calles más abajo. Mi vieja escuela, la Escuela Pía, estaba tan cerca que en la noche oía dar las horas al reloj de su torre que durante años me había marcado la hora de entrar a clase

Y en ese mismo tomo, el dia trágico del 19 de julio, Barea nos cuenta (capítulo VII)

Las calles alrededor de Antón Martín estaban abarrotadas de gente y llenas de humo  denso y agrio. Olía por todas partes a madera quemada  y a metal caliente. La iglesia de San Nicolás estaba ardiendo (…) Han quemado San NIcolás, San Cayetano, San Lorenzo San Andrés, la Escuela Pía (…) El nombre de la Escuela Pía me había impresionado : mi vieja escuela estaba ardiendo. Me fui rápido calle del Ave María abajo (…) el barrio entero olía a quemado y caía una lluvia finísima de cenizas (…) La Escuela Pía estaba ardiendo por dentro, La larga fachada de la calle Sombrerete, con sus cien ventanas correspondientes a las clases y a las celdas de los padres,, estaba lamida por las lenguas de fuego que surgían a través de las rejas.

 

Madrid de Arturo Barea

Este suceso le conmociona profundamente y se rebelaba constra esta destrucción estúpida.

¿Qué habría ocurrido a la biblioteca del colegio con sus viejos libros iluminados, con sus manuscritos únicos? ¿Qué habria ocurrido a las salas de física y de historia natural, tan espléndidas, tan escasas en España?

También nos cuenta en el primer tomo, capítulo VIII,  una curiosa historia sobre la iglesia protestante que estaba en la entrada de esa misma calle del Mesón de Paredes, en un piso de una casa grande donde vivía la señora Segunda, una pordiosera a la que los vecinos habían dejado una habitación que es el hueco que hace el primer tramo de la escalera en el portal. Arturo la quiere mucho y la saluda todos casi todos los días cuando pasa por alli camino del colegio y con ella va un dia a visitar la iglesia de los protestantes y le dan unas hojitas que reparte entre sus compañeros de clase lo cual propicia un gran escándalo entre los curas y una pelea en toda regla en la calle entre católicos y protestantes…

Y quisieron quitar el colegio protestante. Pero un político de los socialistas, Azcárate, lo impidió. No volvieron a dar más hojitas en la calle y pusieron dos guardias en el portal cada vez que ellos decían su misa los domingos . La reina Madre, María Cristina y el Nuncio de su Santidad, hicieron todo lo posible por cerrar la escuela, pero como la reina era inglesa y María Cristina ya no era reina, parece que hubo unos ingleses que protestaron y no la cerraron,

Madrid de Arturo Barea
Teatro Real desde la PLaza de Isabel II

Teatro Real

En el capítulo IX nos recrea un montón de anécdotas sobre el Teatro Real y cuenta como gracias a la amistad que tenían con el hijo del conserje podían entrar él y sus amigos en él y correr, saltar y jugar a la pelota en el escenario…Pero cuando había función y cantaba Titta Ruffo (1877, Pisa, Italia -1953, Florencia, Italia) se metían detrás de uno de los bastidores, sentados en el suelo, sin moverse para que no los echaran…

Madrid de Arturo Barea

Y le oímos cantar ( a Titta Ruffo) el Rigoletto, Payasos, el Hamlet (…) Un día en el Café Español cogió una cucharilla y golpeó una hilera de copas. Lo repitió y al mismo tiempo que pasaba la cucharilla por las copas, pegó un grito. Todas las copas repitieron el grito y se les rompió el cuello.

Madrid de Arturo Barea
El Teatro Real desde la Plaza de Oriente

Cuenta muy bien el ambiente que rodeaba las noches de función en la Opera, los coches que llegaban con los elegantes asistentes y los mendigos que les abrían las portezuelas y pedían limosna a cambio… y como funcionaba la claque desde el Café Español…

 

Ese café al que ya hicimos mención en el anterior post, donde Arturo iba de niño con sus tíos, estaba en la calle de Carlos III, frontera al Teatro Real, donde más tarde se ubicó una extraordinaria tienda de instrumentos musicales desgracidamente desaparecida y donde ahora existe una tienda de “souvenirs”.

Madrid de Arturo Barea
Antiguo Café Español

y relata como una noche Titta Ruffo cantó allí el prólogo de Payasos  acompañado de Modesto y Ramiro, los dos músicos ciegos que tocaban allí… Imprescindible leer este capítulo sobre un Madrid musical muy interesante.

La muerte de su buen tio José  precipita los acontecimientos en la vida de Arturo Barea, y éste deja el colegio y empieza a trabajar en una tienda de bisutería en la calle del Carmen llamada La Mina de Oro, (cap. II del primer tomo)

El negocio de la tienda son principalmente, los velos y unos botones nuevos que se llaman a “a presión”, que se cose la mitad a cada lado del traje y luego se unen apretándolos uno contra otro (son los automáticos). Se venden a millares y los corchetes ya no los quiere nadie (…) Casi toda la clientela de velos es gente rica del barrio de Salamanca a quien hay que llevar el velo a casa

Pero tras unos meses Arturo deja la tienda y vuelve a vivir con su tia y se prepara para poder entrar en el Banco Credit Etranger donde le recomienda don Julián, un empleado del Banco que va al Café Español y que es uno de los Jefes de Bolsa. Esto supone un retorno al Colegio (cap. III) pues necesita una preparación en contabilidad que le facilita el Padre Joaquín, con el que siempre ha estado en sintonía. Él es quien mejor le conoce y con el que habla de todo, le expone todas sus dudas y le acompaña a comprar libros y a visitar Museos. Un dia, tras confesar con él y rezar juntos un Padrenuestro por el alma de su tío

Después desayunamos en su cuarto un chocolate espeso con bollos y un vaso de limonada. Cuando vuelvo a casa, todo está lleno de luz

Se examina y aprueba sin problemas para el Banco  donde empieza a trabajar el 1 de agosto de 1911… Le faltan tres meses para cumplir los 14 años.

Y le quedaba a Arturo  toda una vida por delante. NO podía adivinar entonces todo lo que le esperaba en ella. Como no podía imaginar que su última vinculación con Madrid la viviera de forma tan dramática desde el Edificio de la Teléfonica en plena Gran Vía madrileña.

Madrid de Arturo Barea
Madrid desde la Casa de Campo

Desde el Cerro de la Torrecilla en la Casa de Campo  vemos claramente, en el centro, en plena Gran Vía…“Gran Vía de los obuses” en la guerra… el edificio de la Telefónica con 14 plantas, 680 ventanas, 503 puertas y 81 metros de altura que durante varios años fue el más alto de Madrid

 

 

 

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