El edificio de la Bolsa en Madrid (y 2)

El edificio de la Bolsa en Madrid lo construyó Enrique María Repullés y Vargas (Madrid 1845-1922) tras ganar el concurso convocado con un proyecto presentado bajo el lema «Sin Paz no es posible el Comercio».

Él era hijo de un Agente de Cambio y Bolsa y por eso, sabiendo muy bien la gran tensión bajo la que allí se trabajaba, proyectó un edificio de planta Basilical, para reforzar su imagen de «templo de la Economía», con amplios espacios llenos de luz y cálidos colores, que favorecieran la relajación. También la decoración está llena de simbolismos en alusión al Comercio.

La fachada exterior

Ya en su fachada aparecen cuatro medallones en alusión a los cuatro pilares del Comercio en aquellos momentos: la navegación, la agricultura, la industria y el comercio.

Cada uno de estos bajo relieves, además de un rostro, muestra un símbolo: un barco, unos frutos, un tren, y en el caso del comercio, el rostro del dios romano Mercurio (el equivalente al Hermes griego) con sus alas en el sombrero y tras él el caduceo, regalo de Apolo, que veremos varias veces en el interior.

Salón de los pasos perdidos

Una vez que atravesamos el gran pórtico de columnas con capiteles corintios entramos en el salón llamado de Los pasos perdidos, pues estuvo cubierto de una gruesa alfombra que los amortizaba. Aquí ya empezamos a encontrar los simbolos que hemos mencionado.

Por ejemplo en dos de su muros vemos relieves que, en la parte inferior reproducen el «caduceo» mitológico, regalo de Apolo a Mercurio, nombrado protector del Comercio en Roma. Dos serpientes enfrentadas, que pueden interpretarse aquí como la oferta y la demanda, separadas por un palo o vara, que sería la Bolsa que actúa de árbitro… Y, en la zona superior dos alas (propias de Mercurio como mensajero), que significan la rápidez con que han de tomarse las decisiones, algo esencial en la Bolsa.

Mercurio. Escultura de Ramón Barba (Murcia 1767-1831) de 1806. Museo del Prado

También vemos un ancla, un remo y un arpón, símbolos de la navegación, la rueda dentada de la industria, y dos cornucopias ( o «cuernos de la abundancia») símbolo de la agricultura abundante.

En la cenefas superiores, de trecho en trecho, se ve representada la Peseta, que desde 1868 era la moneda oficial, en sus tres versiones de oro, plata y cobre. Son esos pequeños redondeles, uno dorado otro plateado y uno oscuro

Y en las preciosas vidrieras de esta sala también se aprecia la estrella de seis puntas, símbolo de la comunidad judía tan activa en la cuestión comercial.

Sala de Cotizar

El pintor Luis Taberner y Montalvo (Madrid 1844-1900) fue el encargado de la decoración pictórica del interior. En la llamada Sala de Cotizar pintó en el techo una alegoría del Comercio con los cinco continentes

Pintó a Mercurio como mujer, portando el Caduceo, y los cinco continentes unidos por cables que parten de una torre telegráfica, como símbolo del progreso en las comunicaciones

Salón de Contratación

En el gran Salón de Contratación Taberner pintó, sobre fondo oro, alegorías de las provincias españolas más prósperas a finales del XIX, incluídas Cuba y Filipinas, representando además los principales productos y actividades economicas de cada una.

Aparecen Madrid, Valencia, Bilbao, Zaragoza, Coruña, Santander y Cádiz a un lado, y Barcelona, Sevilla, Oviedo, Badajoz, Valladolid, Baleares, Granada y Canarias, Cuba y Filipinas a otro. En el centro de ambas, «La Prosperidad de España bajo la protección de la Paz».

En la intersección de los ventanales, los pequeños Escudos de los diecinueve países con los que habia intercambio comercial en aquella época: China, Perú, Bélgica, Estados Unidos, Austria, México, Italia, Francia, Portugal, Argentina, Alemania, Chile, Inglaterra, Brasil, Rusia, Dinamarca, Uruguay, Turquia y Holanda. Bajo todos ellos el caduceo dorado.

Y, casi hay que «adivinar» qué sobre todos los escudos hay como una pequeña corona con forma de castillo y sobre ella, en la franja que recorre toda la sala, la famosa «bolsa» que evoca a su nombre como ya vimos..

También se aprecia en la decoración muchas hojas de roble y de olivo, muy relacionadas ambas con la mitología como signos de fortaleza y de paz respectivamente, ambas muy necesarias para un comercio próspero.

Desde la Galería superior que la circunda podemos contemplar la Sala de Contratación.

Y apreciar el famoso suelo de parquet, y el de «tarima» en el centro, que sólo podían pisar los agentes de cambio y bolsa, inversores y entidades financieras, mientras cada diez minutos, controlados por el reloj de esferas situado en lo alto de la columna (copia del de Amsterdam) y a toque de campana, exponían a viva voz las palabras clave: «tomo» ( compro), «doy» (vendo) y «vale» (hecho). Todo en torno a los llamados «corros» formados por personas de un sector de valores concretos.

Pero todo esto sucedió hasta la aplicación de la reforma de la Ley del Mercado de Valores de 1988. La llegada de la informática dejó obsoletos y vacíos de contenido todos estos espacios.

El 22 de diciembre de 2006 se inauguró en Las Rozas (Madrid), una nueva y totalmente diferente sede de las Bolsas y Mercados Españoles, con lo cual este edificio ha quedado para determinados actos institucionales y como un nostálgico museo de un tiempo que pasó y que merece ser conocido y visitado.

Bolsa de Madrid, Plaza de la Lealtad 1

Telef. 917 09 50 00 (consultar los horarios de visitas)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.